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"Primera Jornada de Trabajos
de Autoconstrucción de Vivienda en 7 Municipios de Chiapas" |
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Carla Gómez Monroy
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En
la Escuela Faltaban
dos semanas para terminar el semestre, y mientras sacaba copias leí los
anuncios pegados en el mostrador, en cuanto leí el de la invitación a la
"Primera Jornada de Trabajos de Autoconstrucción de Vivienda en 7
Municipios de Chiapas" decidí que yo quería ir. Fui a ver a Enrique del Castillo, me dijo que cualquiera que tuviera
las ganas de ayudar podía ir, pero que hiciera una carta con los motivos por
los que quería ir. Motivos sobraban: ayudar a
gente con necesidades muy fuertes; hacer tareas desconocidas, de las que
puedes aprender; conocer gente y lugares; ver los daños reales causados por
la naturaleza; salir de la ciudad; el 50 % del servicio social, entre otros. El
martes 8 de diciembre nos dieron nuestro manual junto con una hoja de
teléfonos de los alumnos que iban a ir. El viernes 11, llegué a la
Universidad después de haber comprado los boletos (el de otras dos compañeras
y el mío), cuando me entere de que a algunos compañeros les habían dado
cartas especiales para que les cobraran la mitad del boleto del camión. Después de conseguir todo
lo que venía en el manual y comprimir todo en una maleta, viajamos veinte
horas en camión. En SEDESOL nos dieron una
platica introductoria, nos explicaron el proyectos, se presentaron los
organizadores del proyecto, nos pasaron un vídeo de como construir casas,
hicieron dinámicas para que nos conociéramos, se hicieron equipos y escogimos
el municipio (Acacoyahua, Huixtla, Escuincla, Villa Comatitlán y Mapastepec).
Los equipos quedaron formados por tres mujeres y un hombre de la UDLA y un
hombre de Monterrey; en Villa Comatitlán se quedaron además los cuatro
estudiantes de Veracruz, y las cuatro mujeres de la Iberoamericana fueron a
diferentes lugares. En nuestro equipo éramos
Anitzia, Jessica y yo de la UDLA, y Luis de Monterrey; pedimos Mapastepec. Unos
equipos dormimos en la casa de SEDESOL y otros en otra casa. En la mañana del
lunes nos fuimos todos juntos a Villa Comatitlán para que conociéramos cual
era el municipio más avanzado, nos presentaron otro vídeo, y dimos un pequeño
recorrido por la construcción. La mayoría de las casas ya estaban terminadas,
o les faltaba poco por terminar. En Villa se quedaron varios. Y otros nos
seguimos en el camión de redilas, a otros municipios. Mientras más
avanzábamos hacía la costa los municipios tenían menos casas terminadas, y en
el último municipio, el nuestro, ni siquiera había una pared. En Mapastepec Llegamos
como a las tres de la tarde al predio, nos presentaron a varias de las
personas que estaban trabajando en ese momento, a algunas de las personas que
íbamos a ayudar, y a los predios. Dejamos las cosas
en un hotel, fuimos a comer al mercado y de ahí nos llevaron a conocer
"Valdivia", fue impresionante ver los techos de las casas,
escuelas, tiendas, etc. a la altura de mi rodilla; árboles y rocas enormes
tirados por todos lados. Es difícil ver en medio de un lugar tan lleno de
vegetación con diferentes tonalidades de verdes y un calor húmedo, una gran
extensión de desierto árido y polvoriento, que entierra tiempo y vidas y
sueños enteros de una comunidad. También nos llevaron al predio de Valdivia,
donde aunque ya había obscurecido, había niños, mujeres y hombres haciendo
adoblock. Cargamos uno o dos adoblocks, y fue cuando nos empezamos a dar
cuenta que nada era fácil, se nos cuarteaban al ponerlos en el piso. De regreso en el hotel, nos estaba esperando Enrique, un compañero de
la UDLA que llegó directamente a Mapastepec. El
martes nos fuimos a trabajar a las seis de la mañana, para evitar el sol. Nos
toco hacer la cepa de Doña Panchita. Cuando llegamos al predio, Eneida (una
mujer embarazada) venía con su tambo para acarrear agua; Anitzia y yo fuimos
a ayudarle mientras Jessica, Luis y Enrique se adelantaban al terreno de Doña
Panchita. Fuimos por el agua a dos cuadradas a fuera del predio. Yo la sacaba
del pozo, y Anitzia la vaciaba en el tambo de 200 litros. De regreso, yo me
fui empujando el triciclo hasta su construcción. También le ayudamos a
transportar unos costales de cemento, los cuales pesaban mucho. Cuando llegamos con nuestros compañeros, les ayudamos a quitar la
grava que estaba en el área de trabajo. Cada pala llena de grava pesaba
mucho, a demás por más palazos que dábamos no avanzábamos, como solo había
tres palas, nos turnábamos --luego nos pidieron una-- pero estaba tan cansado
que solo así la hacíamos; como a las diez acabamos de mover la grava. Nos ayudaron a marcar el terreno, para hacer la cepa, llegó Doña
Panchita con dos picos y otra pala, y empezamos a cavar todos juntos. El
terreno tenía muchas piedras y raíces. A las once y media nos fuimos a
descansar. Enrique del Castillo llegó
como a la una. Fuimos a comer y como a las tres y media regresamos al predio,
Enrique del Castillo ya nos estaba esperando. Nos ayudo a cavar, y a sacar
unas piedras muy grandes. Como no acabamos con la cepa quedamos de acabar el
miércoles temprano, y en la noche íbamos hacer adoblock, porque iba a ver
posada para los niños de predio. El miércoles nos sentíamos agotados, pero llegamos temprano al predio,
acabamos con la cepa, par la cual
tuvimos que seguir sacando unas piedras muy grandes, sacar la raíz de un
árbol. Algunos de los que trabajaban en su terreno nos ayudaron, y Doña
Panchita nos ayuda con la raíz del árbol. Doña Panchita es una señora viuda, ya grande, pero muy fuerte, carga
el machete y el hacha con mucha facilidad, y le pegaba más fuerte que
cualquiera de nosotros. Pero como ya estaba grande le dolían los pies, y no
podía estar haciendo tanto trabajo tan pesado. Le ayudamos a Eneida con el agua, pero fuimos a traer el agua más
cerca, porque funcionaba la bomba de agua del predio, y Anitzia empujo el
triciclo. A Eneida le daba risa ver como le ayudábamos, y una vez nos comento
que no sabía si realmente le ayudábamos o no, pero que por lo menos se divertía mucho con
nosotros. Descansamos al medio día, y como a las cuatro regresamos al predio. Empezamos
a hacer la mezcla para hacer adoblock, fuimos todos con una cubeta (como a
unos 200 metros de distancia) por agua para la mezcla. Enrique se fue un poco
antes pero nosotros nos fuimos pasadas de las ocho
de la noche. Con el grupo con el que trabajamos haciendo adoblock, nos la pasamos
muy bien, a demás de que eran muy pacientes con nosotros. Enrique y Luis
terminaron de hacer las mezclas, Anitzia y Jessica cargaron adoblock, y yo
maneje la maquina. Los tres trabajos eran pesados porque la máquina tenía
unas planchas de fierro que había que bajar y subir por cada adoblock que se
hacía, palear la mezcla el cansado y pesado y cada adoblock pesada mucho,
además de que había que transportarlos hasta el lugar de secado. El jueves todo nos dolía, y sentíamos ya no tener fuerzas para nada. Fuimos
temprano al predio, y Luis sugirió que hiciéramos la plancha de cemento de
Doña Panchita, para que después le pusieran más rápido su cimiento. Mientras parte del equipo conseguía el cemento, y preguntaba como se
hacía la mezcla, la otra parte le ayudamos a Eneida con el agua. Como
nosotros necesitábamos agua para la mezcla, le pedimos a Eneida su triciclo y
un tambo prestado, el triciclo si nos lo presto, pero, no había bote. Hicimos
un trato con el de un rotoplast que estaba bastante cerca del terreno de
Eneida y del Doña Panchita. El trato era que todos usábamos el agua del
rotoplast y en la tarde todos lo llenábamos. Conseguimos una cubeta para acarrear el agua hasta la mezcla, pero
cada vez que llegábamos con la otra cubeta de agua ya se había secado, la
cubetada anterior, después de una media hora o más la mezcla ya estaba muy
dura, y nosotros ya no teníamos fuerzas para nada. Terminamos echando la mezcla medio dura a la cepa. Y quedamos de
volver en la tarde a ayudar a llenar el rotoplast. Cuando volvimos en la tarde supimos que Eneida se sentía mal y no
había ido, y los dueños del rotoplast se fueron sin ayudarnos a llenarlo. Conseguimos dos triciclos dos tambos grandes y dos cubetas para
acarrear el agua, el rotoplast quedo 3/4 de lleno, y quedamos de volver en la
mañana que prendían la bomba para acabarlo de llenar y llenar otro rotoplast
más chico, que estaba cerca de la bomba de agua, que habíamos vaciado. El viernes que volvimos Eneida nos dijo que los que nos habían
prestado el rotoplast no le habían querido prestar agua, además de que
negaron que nosotros lo habíamos llenado, aunque
hubo gente que los desmintió porque habíamos andado por todo el predio
acarreando agua. Ese día les deje cosas de las que habíamos traído que ya no
ocupamos, como unas botas, lampara, guantes, medicinas, cuerda, plástico, y
cosas significativas. Nos despedimos y nos fuimos. Recogimos todas nuestras cosas, nos sentamos a hacer nuestro reporte y
esperamos a que llegaran por nosotros. Las de la Iberoamericana habían llegado unos días antes y se
regresaron con nosotros, pasamos a recoger a los de Villa, fuimos a comer a
la playa y llegamos tarde a la casa de SEDESOL. En la noche la mayoría de los estudiantes fuimos a la
"Antigua", una disco. Para dormir nos
separamos otra vez. En la mañana se reunieron todos para comentar experiencias, opiniones
y propuestas. Los organizadores nos invitaron a comer a la casa de Eva Brown. Unos
se fueron antes de la comida. En el predio en el que estuvimos se robaban de todo, eso nos pareció
mal porque todos estaban igual de necesitados. Con
nosotros en general la gente se porto muy bien, es increíble ver la fuerza y
las ganas que tienen para trabajar, y construir. El aguante al sol, y a las
condiciones de vida en las que se encontraban. Notamos
que muchos ya querían acabar sus casas y trabajaban muy duro, otros se
desanimaban por la cantidad trabajo, o por falta de albañiles, o por muchas
razones. Además de que falta más unión en la comunidad. Nosotros
como equipo funcionamos bien, todos trabajábamos juntos y tratábamos de
apoyarnos en todo, además de buscarle el lado positivo a las cosas, con lo
que nos la pasamos bien, aunque el trabajo fue muy pesado.Había cosas a las
que no estabamos acostumbrados o no esperábamos, pero nos tuvimos que adaptar:
nos bañábamos con agua fría, y comíamos de lo que traíamos en la mochila y en
el mercado. Llevamos
cargando cosas, que no eran necesarias, y sentíamos que todo lo que traíamos,
hubiera sido más útil inmediatamente después de sucedido el incidente, no
para tres meses después. No
habíamos contemplado pagar hotel, aunque no era caro, pero tampoco muy bueno.
Yo creo que si nos hubieran dejado a todos en una comunidad hubiéramos visto
más avance, hubiéramos conocido a más estudiantes y organizadores. Y considero
que nos hubieran informado a todos mejor de la situación real, gastos y cosas
o equipo adecuado a llevar, así como más apoyo en la obra por parte de los
organizadores. Es
increíble pensar que todo fue en una semana, pero es una experiencia muy
grata e inolvidable porque conocí gente que da todo sin tener nada; aprendí
que uno, aunque quiera, no puede hacer todo y menos sin la ayuda de un buen
equipo; que aunque todos tenemos problemas, existe gente muy cerca de
nosotros que realmente necesita ayuda; y que aunque muy significativa nuestra
ayuda siempre es bien recibida y puede ser la cepa donde se construya la vida
de alguien más. |
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